jueves 12 de noviembre de 2009

GERARDO



Cuántos años me acompañaste sin vos saberlo, toda una vida fuiste mi compañero, mi recuerdo, mi ilusión escondida, el amor puro e inmaculado que vivió en mi corazón. Fuiste la primera vez de un sueño; en la escuela te veía desde lejos, esperaba impaciente el recreo para poder encontrarte en el patio, haciéndole bromas a las chicas, e incluso a mí; yo era tan flaquita, pecosa, insignificante, mis piernas eran como palitos, y de allí me bautizaste con ese apodo que me daban ganas de llorar amargamente; cuando me veías tratando de pasar aún más desapercibida, oía tu grito “¡Olivia!” por ese personaje, quería correr, quería estrangularte, e incluso algún “tarado” se me escapaba, a veces cuando regresaba de la salida de clases, con mis compañeras, también sentía que venías detrás con tus amigos, y volvía a oír tu burla hacia mí. Bueno, al menos no me ignorabas. De alguna forma existía para vos.

De mí no sabías nada, ni como me llamaba, ni cuántos años tenía, ni donde vivía, en cambio de vos yo sí, sabía tu nombre y apellido, donde vivías, preguntaba por vos a quien te conociera, por tu vida, lo que hacías, lo que no hacías, si tenías novia, todo para sentirte unido a mí; sé que eras un buen estudiante, un “tragalibros”, no una vaga como yo, que solo vivía pensando en vos; y esa manía que tenías de “quemar” a las chicas en el cole, si lo habré sabido yo…pero en mi cuarto estaba mi mundo, callado, retraído, privado, solo para nosotros dos; que me importaba llevarme unas materias, yo solo quería estar con vos, con esa ilusión de ser tu novia algún día. Mis primeros poemas fueron en tu honor, por esa quimera que me sembraste, no eran pocos y lamento no haberlos conservado; hasta una foto tuya tenía y se la mostraba a mis amigas, las tenía hartas, luego todo el tiempo se lo llevó, con los viajes, con las mudanzas.

No sé porque nunca me atreví a acercarme a hablarte, a decirte algo, te veía venir y me daba terror, escapaba a donde fuera, temerosa de oír ese apodo que me hacía sentir humillada, rechazada; no te imaginabas que mi corazón latía al galope cuando te divisaba, cuando te nombraba, ¡que rabia haber sido tan tímida!, no pude aprender a ser una descarada, a coquetearte; como aquella vez cuando te encontré en el boliche Kalahari, yo sentada tomándome un jugo de durazno (que boba) con las piernas cruzadas, esperando que alguien me sacara a bailar, "planchando" como se decía antes y vos parado adelante mío, sin querer te tambaleaste, te hiciste hacia atrás, chocando con mi zapato, te diste vuelta para ver con quien te habías tropezado, y me viste… por primera vez me miraste seriamente y de tus labios salió un “hola”, ¿será que habías reconocido a tu Olivia? El terror como siempre se adueñó de mí, o la sorpresa de oír tu saludo, no lo sé, solo sé que callé, que el miedo me paralizó y no me atreví a responderte; habré pasado por maleducada, total, la misma estúpida de siempre, que por timidez se dejó vencer ¿Qué habría sucedido entonces si te hubiera respondido? Tenía dieciséis o diecisiete, vos unos veinte, la vida no nos dio oportunidad de averiguarlo.

Tiempo después supe que te fuiste del pueblo a vivir a otra parte, entraste en la milicia, el río Luján te llevó lejos, lejos de mí, creo que volví a divisarte una vez en el terminal de colectivos, fue la última vez…pero mi corazón latió en cuanto te vio, en mi estómago volaron las maripositas de la ilusión, del amor ¿Sabés cuántas veces me imaginé un beso tuyo? Cuántas películas me hice soñándote, llevándome en tus brazos, bailando apretados; solo te quedaste viviendo en mis sueños. Cuando supe que te fuiste una parte mí se fue con vos, quizá no una parte sino lo mejor de mí, la inocencia, la candidez, esa pureza del amor platónico que solo conocí a tu lado. Después no te volví a ver, me fui del país, te borró el tiempo y la distancia de mi vida, pero no de mi recuerdo, allí te eternizaste, de ahí no te arrancó nadie.

La vida es cruel, cínica... Hace poco tuve la sorpresa de encontrar tu foto en internet, en esas páginas de ahora, donde todos se conectan y poco se dicen, la milagrosa cibernética te regresó después de un vendaval de años, te vi abrazado a una chica; sé que eras vos, aunque no el de antes claro, te reconocí por tu pelo peinado hacia atrás, tenías lentes de sol y una larga barba, ¡que lejos había quedado mi chico!, mi Romeo platónico de mis trece hasta los diecisiete años, me hiciste retroceder hasta mi adolescencia, hasta esos días de escuela, creí escuchar que me gritabas “¡Olivia!” y otra vez me dieron ganas de salir corriendo. Guardé tu foto para tenerte conmigo hasta que el tiempo quiera, para enseñársela a mi soledad nada más, te juro que cuando te miro mi corazón da esos saltitos, esos latidos que solo mi Gerardo supo arrancar, porque ahí sigues viviendo con tu cara de niño, en este corazón viejo y arrugado que nadie de verdad amó, este corazón que todavía puede lagrimear por ese muchacho que nunca alcanzó a conquistar.

miércoles 11 de noviembre de 2009

ROSA MARÍA




A Rosa María, desaparecida en la dictadura,
sus huesos fueron hallados hace una semana en Lomas de Zamora.
Maestra de mi último año escolar, amiga entrañable
Recibe esta flor desde el recuerdo de esta alumna,
de esta amiga que jamás te olvida.



Porque de la tierra florecieron tus huesos
reclamándole al cielo que te hiciera justicia,
tu sangre clamó en un grito desde la tumba
por las manos asesinas que apagaron tus ojos.

Y así quieres volver a renacer en primavera
así vuelves, libre, sin que silencien tu voz
diciendo que siempre estuviste entre nosotros,
entre los amigos que siempre te han nombrado.

El recuerdo que hace mella en mi memoria te trae
con tu guardapolvo blanco ordenando nuestra fila,
con tus ojitos risueños detrás de tus lentes,
haciéndonos formar en el patio gris de la escuela.

Rosa clara de un tiempo tenebroso y oscuro,
que brotaste ayer del polvo hacia la luz,
venciendo finalmente al silencio y a la muerte
regresarás a la tierra para quedarte allí.

Pero tu espíritu que ya es libre al fin,
estará entre los árboles, en este pueblo tuyo
en el corazón de quien te recuerde,
en tus seres amados, amigos y alumnos.

Rosa María de la infancia, de la adolescencia,
maestra mía, pero más que maestra amiga,
una flor pediré que dejen donde reposas
para que sepas que vives en mi pensamiento.

Seguirán resucitando tal vez otros huesos,
desde otras tumbas ocultas y anónimas
reclamando el destierro, el secuestro, la cárcel,
la sangre derramada, los hijos huérfanos.

Y volverán como tú, un día a sorprendernos,
a enseñar tu calavera desterrada por los años,
a decirnos que en primavera todo reverdece
que nada escapa a Dios ni al sol que alumbra.

Rosa María, rosa de noviembre, rosa de los vientos
ante tu recuerdo se arrodilla mi memoria
con una simple oración, con este verso,
hasta siempre amiga, no te olvidaremos…

lunes 9 de noviembre de 2009

RAMA SECA


Como sobrevivir a este vacío
a este cristal transparente y espectral
donde no se dibujan tus manos
al vuelo arrojando un beso.

Solo yo me pregunto y me respondo
porque estoy más sola que tú,
porque el silencio me obliga a callar,
porque es la nada lo que quedó de mí.

Yo sin ti, ¿que puedo ser? Quizá…
una rama seca sacudida por el viento,
un árbol desnudo esperando el invierno,
que más podría ser, sino eso?

Y el tiempo se va... maldito tiempo,
que siempre me está dejando atrás,
que todo se lo lleva menos la realidad,
tiempo de renuncias y de adiós.

Tú sin mí seguro que más feliz,
tu huerto verde de olivos y blancos almendros
en tus horas no quepo, ni piensas
que del otro lado del mar yo te sueño.

Pero voy sobreviviendo a medias
con esta cruz encorvando mi espalda
que son los años, los remordimientos
y mil penas más que trae el río.

En esta orilla me he quedado
viendo como se alejaba tu vida
en este frío de desamor, sin ti…
como rama desnuda y seca en el desierto.


jueves 5 de noviembre de 2009

CON SABOR A TANGO

Con pedacitos de tango


Tengo vivas las nostalgias , todavía…
Que bebo con la sal antigua del recuerdo,
Tras un retazo del olvido me voy apagando
Sola y frente al mar, frente a Dios.

Amurada en una esquina de mi pieza
Espero ver caer la garúa de los años
Que como un quejido de bandoneón
Me va mojando este corazón de fueye.

En este nocturnal de versos, con la última curda
Me quedo pensando como se pianta la vida
Que uno busca lleno de esperanzas y al final…
¡caracho! me junó parada en la esquina otro fracaso.

Cicatrices hondas que no se borran nunca,
con esta tristeza marina me quedé sin piel,
tomándome el último café, volteando al ayer,
se agita en mi memoria la casita de mis viejos.

La juventud se fue y solo me quedó
este manojo de versos con mi percal de sueños
que se quedó en el Sur, en mi pueblo,
con el romance de barrio que se fue muriendo.

Nada queda de mi casa natal, ni la enredadera,
ni la reja con el jazmín sembrado de mi vieja,
Pero huelo en el aire la madreselva del patio
Que perfumó entre aromos a
la tapera.

Desde esta tristeza marina canto desde el alma
con el cuore y con toda la voz que tengo
con sabor a tango, a vino y sin rencor
la canción de mi Buenos Aires querido.

Ayer me llamaron solamente María,
hoy me devuelve el espejo la sombra de un fantasma,
aue me importa mi pasado, he vivido y he pecado
he sido buena mina, lo digo en ahora en confesión.

Mano a mano hemos quedado vida mía
aunque un otario me arrancara la ilusión,
pero así me hice, en tango como buena piba
y pasé la vida masticando sueños.

Ya curé mi metejón de barrio,
me arranqué de cuajo el desengaño,
porque soy muñeca brava, eso se dice de mí
que ya no se vuelve a piantar por otro gil.

En esta tarde gris me quedé sin voz,
y un tango con licor que aturde esta vida,
me insiste siempre que es una herida absurda
y así me alejo en la tarde del adiós

Empañando el cristal lentamente
por estas cosas de la vida y nada más
con el corazón hecho pedazos
por mi barrio de tango, mi cafetín de Lavalle

Te imagino garúa cayendo en el verso,
mojado de melancolía, de otras penas
que una lágrima tuya cierra en el final
poniéndole un telón al corazón.

domingo 1 de noviembre de 2009

DON MANUEL


A Monseñor Manuel Fernández Martínez
en sus Cincuenta y dos años de vida sacerdotal


Palabras no tengo ahora,
nada más que unas lágrimas
que brotaron de mi alma
cuando la iglesia abarrotada
rompió con aplausos la mañana
al verlo entrar en la Iglesia Santa Ana
abriendo sus brazos a todos
con su sonrisa iluminada;
hoy el cielo hizo justicia
porque este homenaje
el pueblo entero y la Iglesia se lo debían.

Y de su emoción también brotaron lágrimas
al rezar el Credo, al recordar
toda una vida consagrada
al Señor y a su parroquia;
solo desde nuestro corazón
podemos decir la palabra: gracias
gracias, querido Padre Manuel
Manolo para sus amigos
por tanto tiempo compartido.
Gracias por sus cincuenta años de vida sacerdotal
gracias por los treinta años y más
que permaneció a nuestro lado
desde aquel remoto día
cuando dejó su querida Málaga
gracias por habernos enseñado tanto,
gracias por su humildad,
gracias por habernos enseñado a amar
a Jesús en el Sagrario,
gracias por enseñarnos a reír
en nuestras tribulaciones,
en nuestras horas difíciles,
gracias por habernos mostrado
el camino de la fe, de la salvación,
gracias por hacernos su familia, sus amigos,
siempre para Usted será
el agradecimiento eterno.

En cada uno de nosotros
tenemos un poquito de su corazón
y en su alma están nuestras almas
dando gracias a Dios y a la Virgen
por haberlo traído a este rincón
hasta este pueblo que lo ama
y que se robó para siempre su amor.

Hoy con su voz quebrada nos dijo
“he sufrido mucho
pero también he aprendido a perdonar"
¡Cuánto lo comprendemos querido Padre!
perdón por ese sufrimiento
perdón por ese dolor
que nadie pudo evitar;
este día de los difuntos
todo el cielo lo vino a acompañar
sonaron las campanas
el sol iluminó el altar y los bancos de la iglesia
nadie quiso faltar a este solemne día.

Que Dios lo bendiga
querido padre Manolo
que permita que se quede
muchos años más
con su alegría,
con su dulce sonrisa,
con su humor andaluz
con su santa bondad,
que Dios lo deje mil y cincuenta años más.
Amén.

viernes 30 de octubre de 2009

LA PROMESA



No estará lejos el día
que toque al timbre de tu puerta
que me mires sorprendido
y no sé quizá...qué nos diremos?
después de tanto tiempo,
de haber tejido recuerdos
que quedaron suspendidos
entre el futuro y el pasado.

Desde el ayer voy sumando
los días y los años que pasan,
y ese tiempo que falta
para llegar hasta ti,
no sé cuándo, no sé cómo,
solo llegar a tu puerta y llamar,
te juro que tiemblo al pensarlo...

Mirarnos de arriba a abajo,
descubrir si nos gustamos,
si mis ojos te encantan,
si me fascinan tus labios
que tanto he soñado probarlos;
y después déjame adivinarlo
vendrá un abrazo largo...apretado...

Ya sé, no olvidaré esa promesa,
la que te juré ayer hablando
los dos en la madrugada;
que no nos separaremos
sin hacernos el amor,
sabré contigo que es ser amada,
te brindaré todo lo que tengo,
me entregarás tu pasión,
me enseñarás como es amar,
a disfrutar el sexo en pleno.

Se me van las horas, hasta el alba
anhelando ese momento,
en el que habrán pocas palabras
pero sí muchas caricias y besos...
déjame soñar por ahora,
yo lo sueño así...agarrados de la mano,
hablando de nosotros, paseando,
atesorando ese breve encuentro
que borrará el mañana
casi sin que nos demos cuenta.

Y más tarde volveré a mi hoy,
después de haberte querido,
después de haberte dejado
mi cuerpo y quizá mi alma,
volveré al destierro de pieza y soledad,
a este oscuro y callado rincón
donde me quedará tu nada y tu silencio;
el corazón me dirá que todo fue un sueño,
que éstoy aquí en la fea realidad,
mas seguirá en pie mi promesa.

Que no olvidaré que pase lo que pase,
entre nosotros no se romperá
lo que al principio construimos,
...no hay alternativas para mi corazón,
así descubra que de verdad te amo
sé que en ti no habrá amor solo cariño,
que te gustan las aventuras, no los compromisos
y yo con tal de no perderte,
ya lo sabes...lo que pidas.


Hablamos así y todavía no hay fecha,
todavía no sabemos si mañana estaremos vivos,
dejémonos de tonterías por ahora,
duerme...duerme tranquilo
que el tiempo que es sabio lo diga,
no hablemos más de encuentros ficticios,
de noches de amor que no han nacido.


Sigamos riendo, discutiendo,
dándonos los buenos días,
o desvelándonos para decirnos cualquier cosa,
tú eres lo mejor que me ha pasado,
él único que está siempre a mi lado
el que jamás se va ni se irá;
no importa, que pase lo que pase
tú eres y serás siempre mi mejor amigo....

viernes 23 de octubre de 2009

DE LAS HORAS



De las horas si sabré yo, de esas horas lánguidas que mueren agonizantes, mirando las agujas del reloj, viendo pasar un tiempo gris, gris como esta vida rutinaria, esta vida de solitaria jugando solitarios; acortando las esperas con un poco de Bach y otro poco de Troilo; de esas horas podría yo hablar, porque mujer como yo no habrá, ¿habrá? que huya tanto de la soledad, inútilmente... porque sería como escapar de una telaraña, sus tentáculos vuelven a atraparme desde las paredes, desde este silencio sepulcral que quiebra el quejido de un bandoneón; mi soledad la consuelo a veces con unos buenos tangos, horas de la soledad, de la nostalgia, de la oscuridad del alma.


Horas claras, horas oscuras, que cuento con las manos secas de hastío, que cuento con el corazón estrujado de esperas, de ilusiones muertas, de recuerdos viejos, horas que son solo mías, que arrastran mis pasos recorriendo el pasillo, barriendo las hojas secas del patio que amontona la brisa, horas que aguanto con el calor del mediodía, cuántas formas diferentes de pasar las horas, repetidas, aburridas, descoloridas, sin esperar nada.


Están también esas horas que retroceden con la memoria, mirando fotos, notas, cartas, todo lo que encuentro cuando desempolvo el pasado archivado, evocando esos años que se fueron, esos días que fueron más felices y que no atesoré; las horas que amé, que olvidé, que lloré. Que lástima que no las conté para saber exactamente cuantas horas he vivido, las que me faltan por vivir ni las quiero saber. Son las nueve y veinte, que rápido se van las horas, esperando qué? vaya a saber, una llamada, alguien que se acuerde de mí, algo que rompa la rutina de las horas, un soplo de brisa que alivie el calor, a lo mejor se va la luz (es lo que menos desearía), o un temblor de tierra que sacuda esta quietud, el silencio de mis horas. Tal vez espero que venga él...pero cuando yo escribo él duerme, cuando yo duermo, él va a su huerto, o estará en su pueblito, quizá pensando en mí como yo en él... El...sin nombre, sin futuro, él sin mí, yo sin él.


Estas son mis horas preferidas, las de las seis y media a las nueve y algo, sosteniendo una luna llena entre mi corazón y los recuerdos, quizá escribiendo un poema o pavadas como ésta; nada más que para animarme a mirarme un poco adentro y vomitarlo; son las horas en que hablo a solas, en que enciendo mi computadora y espero a que pasen las horas; horas de horas, es de lo que más puedo escribir, tecleteando como una loca, dejando salir el torrente de las palabras, rellenando espacios, rellenando horas, qué podridas son las horas que no me traen nada, que no me dejan saber cual es el futuro; que me separan de él...


Tengo media hora para ponerle fin a este testamento de horas en que escriben mis dedos neuróticos dejándose llevar por mi cerebro esquizofrénico de tantas horas sobre este teclado manchado y añejo; (mañana a primera hora lo cambiaré por un nuevo). La pucha... después de releerme ¿yo escribí esto? debí estar rayada, con esta soledad mañosa, que me está esperando para ver la novela de las diez, y despues una película vieja que grabé, Leave her to heaven (Que el cielo la juzgue) y si todavía no tengo sueño... tengo que aprovechar las horas... leeré el libro que está en mi mesa de luz.


Así seguirán transcurriendo las horas, todas iguales, igualitas, las del lunes, las del martes, las del miércoles, las del jueves, las del viernes, etc. etc., me alegran cuando se van, me deprimen cuando tardan, me desesperan cuando no llegan. Horas de mi desespero, de mi infortunio, de mi desolación, de mis cincuenta y cuatro, de mi desamor, qué de horas arrastra este cuerpo, contando y contando, lo que se fue, lo que perdí, lo que no vendrá, lo que no tengo ni tendré, horas de vida, horas de esperas, horas de muerte, horas que ora el alma a ese Dios impío que no me oye en las peores horas. ¡Perdón Dios mío, perdón!


Ya no son horas, son minutos que acortan este tiempo que cierra la mente, cerraré la luna de mi ventana, son casi las diez, el cansancio de esas horas me agotó, esperé a ver si venía él, seguro que al alba lo veré, cuando comienze a contar otra vez el reloj, carrusel imparable de las horas, volveré...a la madrugada porque sé que estará él....contando esas horas como hace mi corazón esperandolo a él.